Este gran lago argentino-chileno (General Carreras en Chile) es
por su extensión el segundo de América del Sur, después
del Titicaca. Tiene 2.240 km2, de los cuales 881 corresponden a
la Argentina. Las aguas azules, intensas en su centro, se aclaran
al turquesa en sus costas. Los continuos vientos provocan un oleaje
fuerte que se amansa en sus playas de canto rodado.
El lago ofrece una población ictícola compuesta de
salmones, truchas y percas, lo que constituye otro importante recurso
para la zona.
El entorno mesetario se refleja en todo su horizonte; no así
en su prolongación, el General Carreras, que al penetrar
en la cordillera tiene sectores de escarpadas barrancas rocosas.
Desagua en el océano Pacífico por el torrentoso río
Baker, el más caudaloso de Chile.
La tentación de navegar el lago y este río hacia el
océano es vieja: atrajo a alemán ex marino y contador
de una estancia chilena, German Brunswig, en 1922. Navegó
en canoa hasta los Saltos Grandes, imposibles de trasponer. Con
los años, otros repitieron la experiencia. Werner Schad,
un frecuentador de los ríos patagónicos de aguas blancas,
con su bote de goma probó suerte en 1989 y avanzó
hasta los saltos.
El Lago Buenos Aires fue descubierto por Carlos María Moyano,
geógrafo y uno de los más notorios exploradores patagónicos.
Uno de sus viajes fue realizado para trazar la ruta de los arreos.
A fin de traer ganado del norte, siguió la rastrillada y
la ruta del inglés Musters y unió el extremo austral
santacruceño y el valle del Chubut.
Moyano, de buena relación con baqueanos tehuelches, llegó
al lago acompañado de criollos, dos franceses, 55 caballos
y 15 perros de caza, imprescindibles. Por la sensación agradable
que el lago le produjo y en uso de su derecho como primer descubridor,
le da el nombre de Buenos Aires.
Más tarde el lago fue relevado por el científico Perito
Moreno y su colaborador el ing. Palavicini.
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